La audiencia televisiva y su falta de representatividad

Fuente: Brizzle born and bred (flickr)

En la nueva Ley General Audiovisual la audiencia televisiva se ha convertido en el concepto determinante para adquirir participación significativa de un prestador de servicios de comunicación audiovisual. Un concepto que puede llegar a ser poco transparente y falto de representatividad suficiente para cometer un juicio en base a él, sobre una adquisición mercantil.

La nueva Ley General de Comunicación Audiovisual ha sido criticada por ser una ley que incorpora disposiciones referentes a servicios de la sociedad de la información. Quizás la mayor crítica pueda hacerse en su artículo 36 referente al pluralismo en el mercado audiovisual televisivo, que señala en su apartado 2:

2. (…) ninguna persona física o jurídica podrá adquirir una participación significativa en más de un prestador del servicio de comunicación audiovisual televisiva de ámbito estatal, cuando la audiencia media del conjunto de los canales de los prestadores de ámbito estatal considerados supere el 27% de la audiencia total durante los doce meses consecutivos anteriores a la adquisición.

Dicho precepto ha otorgado, en mejores condiciones, mayores posibilidades para llevar a cabo cambios accionariales. Lo que ha dado lugar a que los cadenas televisivas Telecinco y Cuatro sean controlados por la misma sociedad mercantil.

Lo polémico del articulado no es precisamente considerar si el porcentaje que habilita adquirir dicha participación es elevado, o si por el contrario resulta muy reducido; sino el concepto que determina dicho porcentaje, esto es, la audiencia.

Ésta, es medida por dos organismos privados mediante el análisis de una parte representativa de la población que se selecciona para ser estudiada (muestra), mediante encuesta personal o general, escrita u oral; o a raiz del análisis de los audímetros que cada persona posee y que controlan la actividad de su televisor. Estos últimos forman un conjunto que se denomina panel de audiencia de televisión.

Tener como referencia la audiencia para la adquisición de participación de otro prestador del servicio de comunicación audiovisual es arriesgado. En primer lugar, porque como hemos señalado la muestra no cubre ni mucho menos la totalidad de la población española como bien ha indicado el Grupo del Artículo 29, al detectar un tamaño insuficiente de aquella. Y en segundo lugar, porque los estudios sobre la audiencia llevados a cabo por aquellos organismos se realizan mediante el modelo OS (Own service), por el cual la entidad recoge la información de la audiencia por iniciativa empresarial, y por tanto los servicios prestados por aquel, son negociados con aquellos que desean adquirir dicha información.

En definitiva, en una ley donde se aboga por el pluralismo informativo, otorgar valor a la audiencia, la cual carece de representatividad total de la población, son conceptos que casan mal. Algo especialmente peligroso si de ello depende la adquisición de participación de un prestador de comunicación audiovisual.

Autor: Eduardo Lagarón

Imagen cedida por Brizzle born and bred (flickr)

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4 Responses to La audiencia televisiva y su falta de representatividad

  1. Gabriel Montiel says:

    Eduardo, una vez más muy de acuerdo contigo, solamente quisiera agregar que algún parámetro objetivo debe existir para limitar esta modalidad de operaciones empresariales, y la verdad que no se me ocurre otro distinto a la audiencia, toda vez que al final es el “mercado” al que va dirigido. Pero donde más pondría el énfasis, además de por que el 27% y no otro porcentaje, es en que la medición la hacen unas empresas privadas, lo que convierte su razón de ser en una legítima finalidad de lucro y no de protección al pluralismo que consagra la LGCA, lo cual debería ser el verdadero norte de quien realicelas mediciones oficiales a estos efectos. Por último solamente agregar, que dichas cuotas de audiencia pueden no ser representativas, no digamos de la sociedad en su conjunto ya que sabemos que ni se acerca, de la audiencia en si misma, toda vez que los mecanismos de cálculo para realizar la medición distan muchos de tener margenes reales de error que puedan significar que el resultado deba ser tomado como fidedigno.

    • Eduardo Lagarón says:

      Totalmente de acuerdo con tu exposición, aunque discrepo sobre tomar como referencia la audiencia televisiva para aprobar o no, una adquisición mercantil. No porque no constituya el mejor “elemento objetivo” para obtener conclusiones, sino porque, debido a la consideracón de la privacidad del individuo como un bien jurídico esencial derivado del derecho a la intimidad de nuestra constitución, impedirá demostrar que los valores que se dan sobre la audiencia sean fidedignos.

      • Gabriel Montiel says:

        Debido a dicha consideración de la privacidad del individuo como un bien jurídico esencial derivado del derecho a la intimidad de la CE, se le permite a la persona que su voto sea secreto, más sin embargo, lamentablemente, aunque sean pocos los votantes y no reflejen a la sociedad en su conjunto, será válido el resultado para ganar una elección…solo trato de defender mi punto, de que aún sabiendo que no se trata del mejor método de medición, no se me ocurre uno mejor, reiterando las críticas al sistema que ya enumeré en el comentario anterior.
        Un abrazo

        • Eduardo Lagarón says:

          Estoy de acuerdo de nuevo contigo. Es cierto que el voto es secreto, no obstante, es un medio tecnológico lo que va incorporado en la televisión.

          El ciudadano “medio” que desconoce las capacidades técnicas de los audímetros, no permitirá que éste se instale en su televisor por miedo a lo que pueda controlar aquél, Sin duda, y aunque no sea verdad, el ciudadano por lo general cree que la tecnología en la mayoría de los supuestos vulnera de alguna forma su intimidad.

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